La lluvia golpea el campo, entregando una superficie resbaladiza que convierte cada acción abierta en una prueba de toque. La niebla parece suprimir cualquier carrera larga, forzando un enfoque en pases cortos y precisos y piezas fijas disciplinadas. Sin embargo, el partido está preparado para acciones rápidas y decisivas que ignoran la humedad.
Primer minuto, el equipo visitante toma la iniciativa. Tras un toque interrumpido, la pelota va a un delantero cuya distribución en el hueco provoca un ensayo de 5 puntos. La siguiente transformación falla, pero la ventaja temprana se asegura: 5‑0. La lluvia no vence el impulso; el equipo visitante demuestra compostura ante la adversidad.
Durante la mayor parte de la primera mitad, ambos equipos intercambian presión. Las piezas fijas son ajustadas pero implacables. Las escaramuzas en la línea de respaldo mantienen a Céu de Lâminas al borde, pero no logran convertir la posesión en ensayo, y el marcador permanece 5‑0. La confianza crece para el equipo visitante, que mantiene un ritmo constante de pelota rápida, forzando a los adversarios en placajes cercanos.
En la segunda mitad, la lluvia se intensifica, arrastrando el movimiento de la pelota. A los 40 minutos, el equipo visitante capitaliza una pelota suelta en el centro